lunes, 27 de julio de 2009

VERANO


En este tiempo de ocio despreocupado que es Julio he podido disfrutar de qué manera de los placeres que ofrece mi tierno hogar.


Mientras muchas colegas están disfrutando de las maravillosas becas por lares tan dispares como Túnez, San Diego, Dublín, Nueva York, Cerdeña, Malta...una se queda aquí en su islita pensando que jamás se fue de vacaciones (ni con la familia ni con colegas). Así dicho hasta suena bastante fuerte. Al parecer mi padre lleva desde el año 1983 sin cogerse ni siquiera una semana de vacaciones (y aquél año resultó una excepción por la necesidad de atender a mi madre mientras sufría una leve enfermedad pasajera) por aquéllo de ser autónomo sin empleados. Teniendo un ejemplo así no resulta extraño el optar por pasarse todos los veranos en casa. Lo de una beca de idiomas siempre fue tentador, pero sólo eso porque por aquello de “no ser autónoma” mi progenitora (y tener cuatro “leiras” deprimentes en una zona olvidada de la mano de dios) es algo inalcanzable.

Pero cierto es también que esto no es Madrid y como diría una amiga isleña “hai que recoñeser que somos unhas privilexiadas…mira en qué paraíso vivimos!”

La cuestión es que, a pesar de todo, me alegra tener, todos los años, estos meses de descanso y reflexión. No sé si es que soy demasiado vaga, relajada, cansada..pero durante el invierno en Madrid noto tal ajetreo y falta de momentos de soledad que me acaban creando una especie de estrés. Este estrés no es del tipo “uf…cuántas prácticas tengo que hacer, no me da tiempo estudiarme tal examen, tengo que hacer los presupuestos, etc”es más bien un cúmulo de “derroche de energía sin frutos” que almaceno durante el curso. Da la sensación de estar haciendo cosas que no sabes para qué las haces. No tengo momentos para reflexionar ni analizar los acontecimientos. Ocurren y punto.

Precisamente por eso necesito desaforadamente que llegue el momento de regresar a casa en verano para encontrar el reposo necesario que jamás encontraría si me fuese por ahí a “aprender” inglés. Es cuando paso más horas sola, tranquila, sin ruidos fuera más que el de las cutre-olas y los borrachuzos de turno. En estos meses a parte de poder disfrutar del mar y de la comida (por no decir de las fiestas) tengo tiempo para leer, tocar el piano, pintar, ver películas a montes, series, etc.

Me doy cuenta de que a pesar de ser la época en la que, supuestamente, menos esfuerzos intelectuales tengo que hacer es en la que más estoy analizándolo todo. Es una especie de época destinada a la elaboración del balance anual de mi vida.

En la serie que estoy (por desgracia) terminando, mi queridísima “Dr. en Alaska”, recuerdo que (en alguno de los primeros capítulos) Chris Stevens –un rallado de la vida físicamente igual que Ben Afleck pero con un coco infinitamente más sofisticado que el de ese pobre chuloputas- hablaba de cómo había sido su cambio de actitud frente a la vida a raíz de descubrir la obra de Walt Whitman. La curiosidad me hizo frikear por los mundos de la información gratuita hasta encontrar poemas de ese (por aquél entonces) casi desconocido autor.

El que más me llamó la atención (por descubrir que ya lo había leído) y me acabé guardando en mis documentos es el que sigue:


HOJAS DE HIERBA
No te detengas

"No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tu puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores:
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.
"Emito mis alaridos por los techos de este mundo",
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros "poetas muertos",
te ayudan a caminar por la vida
La sociedad de hoy somos nosotros:
Los "poetas vivos".
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas".


Walt Whitman.


En fin, creo que se me ha olvidado a dónde quería llegar al empezar a escribir en el blog (me suele pasar a menudo) así que lo último que haré será , de nuevo, recomendar a todo aquél que ande tan desocupado en estos meses estivales como lo estoy yo (aunque en realidad es una farsa porque septiembre está al caer) que empiece a ver esta gran serie de los 90. Todos y cada uno de los personajes es un mundo y durante la serie observas su evolución. Fleishman es el típico sobrado y recién licenciado en medicina que llega al quinto culo por casualidad para convertirlo en una persona más humilde y respetuosa con el entorno. Ed es un chaval tierno, bondadoso e inteligente que está al servicio de todos y aprende de dos culturas simultáneamente (la indígena y la occidental). Maurice es el cacique del pueblo, con buen fondo y un ciudadano Kane al más puro estilo señor Burns. Maggie es la típica feminista irascible, inteligente, independiente, amigable y aventurera. Chris Stevens es el autodidacta, filósofo e locutor del pueblo, guaperas a más no poder pero humilde y profundo como ninguno. Marilyn es otro de los personajes más riquiños de la serie. Es mucho más lista de lo que aparenta y su forma lacónica de hablar le da un toque misterioso que sumado a las “leyendas/mitos/historias con moraleja” indígenas que cuenta en ciertas ocasiones se llena de un aura iridiscente y mágica muy emotiva. Ruth Anne es la abuelita que querríamos todos tener. Marchosa, juvenil, culta, divertida, con carácter y dulce. Shelly y Holling son los enamorados incondicionales con actitudes infantiles y maduras al mismo tiempo. Con edades muy dispares se complementan a la perfección y alegran con la naturalidad que desprende la relación.

Cicely se convierte en un estado mental, un lugar de refugio espiritual que ayuda a conocerse a uno mismo (algo así como es para mí la isla). Cada capítulo, sin excepción, me deja huella, además es una comedia muy bien llevada y el regustillo que deja es siempre muy agradable (yo me suelo quedar con una sensación de nostalgia desconcertante pero positiva).

Mi fanatismo llega hasta el punto de plantearme organizar, para el año que viene, un frikiviaje a Seattle (porque en realidad la serie no fue grabada en Alaska sino en el estado de Washington) a conocer el pueblo donde se rodó todo. Es una tremenda tontería que usaría de disculpa para ir a visitar a unos primos que tenemos en Seattle. Con ellos sí que aprendería inglés porque vergonzosamente sus padres (emigrantes) no les enseñaron castellano.

En fin, buen verano (con vacaciones locas o no) a todos.




(Este Agosto habrá que aprender el Bodyboard...es necesario)