
Como la coyuntura inspira hoy me apetece desvariar un poco por estos lares (tan inusitados por la competencia azul) hablando del tema de las relaciones sentimentales desde un punto de vista peculiar.
Si rebuscamos en lo más profundo de las concavidades tenebrosas y turbioindeseables que alberga el alma del ser humano moderno encontraríamos, seguramente, una idea constante relacionada con nuestros miedos en lo que a lo sentimental-amoroso se refiere. ¿O no es cierto que es típico entre nosotros caer en el planteamiento onírico de la posible existencia (en algún rincón del mundo) de esa verdadera “media naranja” a la que seríamos capaces de querer sin llegar al cansancio ó aburrimiento con el paso de los años?
Desde que nacemos nos dejamos llevar por los instintos (al menos por los que nos son fáciles de controlar por la cultura social) y nos relacionamos generalmente con aquéllas personas que nos hacen sentir cómodos (exceptuando a los comportamientos extraordinarios como el masoquismo).
Cuando en nuestra vida, por las circunstancias que sean, tenemos que tratar con personas cuyas ideas y conductas son las opuestas a las nuestras solemos recurrir a lo que se podría llamar un comportamiento civilizado basado en el respeto y empatía (esto en el mejor de los casos ya que en las situaciones más conflictivas los puños resultan gratificantes para mucha gente, pues los instintos son instintos para todo). Dentro del grupo de gente que aceptamos está aquélla en la que más nos centramos, aquélla que puede atraernos de otro modo (quizás más relacionado también con los instintos). Cabe decir que no dejan de ser curiosas las plasmaciones que esta situación crea en el mundo virtual. ¿Qué son sino las web 2.0 como el Facebook o el Tuenti? Con dichos mecanismos se facilitan las relaciones no reales pasando entonces a una dimensión más compleja, la virtual. El mundo conectado a través de redes sociales que se amplían convirtiendo el pañuelo que es el mundo en un charco de mocos inconmensurable. Toda aquella persona que se siente claustrofóbica en su entorno más cercano recurre a estas opciones para acercarse a lo que busca y no alcanza. Las relaciones como se entendían hasta este siglo atraviesan una etapa de crisis y de transformación.
La impotencia del ser humano ante el desconocimiento tan grande acerca del mundo y de su vida le lleva a desear el aumento de su círculo de relaciones sociales de manera que ese desconocimiento vaya disminuyendo con las aportaciones externas (la gente se siente a gusto y protegida cuando se relaciona con gran número de personas)
Por no hablar siempre de los mismos rollos sólo diré que más que creer, adorar y rezar a un Dios cuya existencia es cuestionable nuestro profeta debería ser el Azar porque él es el que rige todas las relaciones dinámicas que transcurren a lo largo de nuestra vida, a no ser que también creamos en el destino (lo cual no sé si interpretarlo como una aplicación más de las curvas locas de Lorenz que nos indican que el caos es un orden impredecible en donde los atractores serían nuestros “destinos”).
Es aquí cuando jugando con el azar y nuestras decisiones diarias vamos entrelazando lo que sería “nuestra propia telaraña” que compondrá nuestro núcleo de actuación en la vida (que también puede subdividirse en diferentes núcleos) y ésta estará formada por la gente y las cosas que hemos ido “eligiendo” poco a poco.
Llegados a este punto concretaremos que dentro de ese núcleo existe lo que la gente (ñoña) llama búsqueda de la media naranja o búsqueda de pareja para dar sentido a sus (a veces tristes) vidas. Cuando las personas eligen a sus parejas por presión social o por su intolerancia a la soledad acaban recurriendo a una acción en cadena cuyos desenlaces suelen ser siempre negativos. Las preferencias son las vías que nos llevan (o intentan llevar) a los “destinos” que consideramos correctos.
Cuando en un conjunto de gente se da una interrelación de preferencias individuales sabemos gracias a un tío muy listo llamado John Nash que se puede llegar a un equilibrio (de Nash :P ). Eso sí, considerando este concepto desde un punto de vista estático pues no encontramos el equilibrio con todas las dinámicas de las parejas posibles simultáneamente, sino que se consideran fijas las llamadas “estrategias” de las demás parejas. Éste es un típico problema de la Teoría de Juegos llamado “problema de los Matrimonios Estables” del cual poca idea tengo pues lo sabré cuando curse esa fricada de asignatura de febrero en adelante. Lo que sí se puede decir es que en un documento de una revista de física de la Habana lo explica de manera bastante sencilla y se puede sacar conclusiones simpaticonas. Lo gracioso, realmente, sería aplicarlo en nuestras vidas, claro que serían tan tristes y carentes de sentido por haberlo aplicado que casi es mejor dejar que las cosas ocurran sin más, y sin saber si estás en el óptimo o su pm porque la diferencia entre el ser humano y la máquina es precisamente el factor “azar” alimentado por el complejo y subjetivo funcionamiento de la mente humana.
Dejo aquí el link del artículo de la revista cubana
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