
"El secreto del alma de las mujeres consiste en carecer de ella en absoluto." (Enrique Jardiel Poncela)
"Dios hizo las mujeres bellas. El diablo las hizo sagaces." (Leonid S. Sukhorukov)
"Hay un principio bueno, que ha creado el orden, la luz y el hombre, y un principio malo, que ha creado el caos, las tinieblas y la mujer." (Pitágoras)
"La hembra es hembra en virtud de cierta falta de cualidades." (Aristóteles)
"La mujer es, reconozcámoslo, un animal inepto y estúpido aunque agradable y gracioso." (Erasmo de Rotterdam)
"La mujer, está donde le corresponde. Millones de años de evolución no se han equivocado, pues la naturaleza tiene la capacidad de corregir sus propios defectos". (Albert Einstein)
"La vida de toda mujer, a pesar de lo que ella diga, no es más que un continuo deseo de encontrar a quien someterse." (Fiódor Dostoievski)
"Por muchas razones no es bueno que la mujer estudie y sepa tanto." (Molière)
"En el mismo instante en que vemos una mujer nos parece tener delante un ser cuya humanidad íntima se caracteriza, en contraste con la nuestra varonil y la de los otros varones, por ser esencialmente confusa…pero no tiene sentido desear que la mujer deje de ser “sustancialmente” confusa. Equivaldría a aniquilar la delicia que para el varón es la mujer gracias a su ser confuso. [. . .] En la presencia de la Mujer presentimos los varones inmediatamente una criatura que, sobre el nivel perteneciente a la humanidad, es de un rango vital algo inferior al nuestro. No existe ningún otro ser que posea esta doble contradicción: ser humano y serlo menos que el varón. En esa dualidad estriba la sin par delicia que es para el hombre masculino la mujer."
(Ortega y Gasset, 1961: 167-8).
Cuando una lee citas como éstas cae en la incredulidad ante tanto reproche hacia nuestro género. Me paro a pensar si realmente estas frases fueron dichas, o escritas, a raíz de impulsos vengativos motivados por la inquina, el rencor, resentimiento…el despecho sentimental general, o, por el contrario, sí se deben a un convicción objetiva de que las mujeres somos “menores” en lo que al intelecto y raciocinio se refiere.
Ciertamente, duele ver como grandes filósofos y científicos como los señalados arriba (Aristóteles, Ortega y Gasset, Pitágoras, Einstein, etc.) tenían esa percepción de nosotras.
No cabe duda que fisiológicamente somos distintos hombres y mujeres, pero ¿es lícito señalar, tajantemente, que en lo mental somos inferiores cuando es sabido que es aún un campo del estudio científico poco desarrollado?
Recuerdo que hace un tiempo en un programa de Redes Punset entrevistaba a una científica inglesa que estudiaba la inteligencia de los sexos utilizando la distribución probabilística. Señalaba que la campana de Gauss en el caso masculino era más apuntada, lo cual significa en términos estadísticos que la distribución es leptocúrtica (alta concentración de frecuencias alrededor de la media), mientras que en el caso de las mujeres esta distribución mostraba una campana más achatada.
Esto significa que hay más genios hombres que mujeres, pero también hay más negados, cafres
y degenerados hombres que mujeres. La distribución en las mujeres es más homogénea. En general no hay muchas “cerebritos” pero la media es, relativamente, aceptable.
Según esto me planteo si el motivo del resentimiento señalado anteriormente es que esos genios “de todos los tiempos” se toparon (fatídicamente) con una carencia de “genios” mujeres y ante tal frustración por incompatibilidad intelectual con el otro sexo les llevó a una generalización equívoca.
Una, supongo que por orgullo, intenta buscar respuestas a esta evidencia histórica de discriminación por parte de la élite intelectual hacia las mujeres.
Pero la cuestión es que existen preguntas que hacerse que son de vital importancia para entender los comportamientos de la mujer habidos durante siglos.
¿Hasta qué punto puede influir el entorno social en el que se desenvuelve la mujer para su posterior comportamiento socio-cultural?
¿Cuánto puede influir el estar educada en el seno de una familia machista que no permite la posibilidad de emancipación a lo largo de la vida de una mujer?
Y otra cuestión importante: ¿Hasta qué punto puede llegar a influir el desarrollo general de la historia y de la evolución social en la mentalidad de la mujer actual?
Yo sigo creyendo que en lo cultural (a pesar de los importantísimos avances en el acceso a la educación) hay grandes diferencias entre mujeres y hombres. Diferencias, a su vez, no muy importantes pero sí están presentes. Aún se puede observar hoy en día en ambientes universitarios femeninos (como puede ser un Colegio Mayor) la continua polarización de los intereses hacia la actividad masculina. Y con “intereses hacia la actividad masculina” me refiero al intento continuo (enfermizo y desquiciante en algunos casos) de agradar al sexo opuesto a base de la decoración externa y del pavoneo típico de los años de adolescencia. Una estudiante universitaria a día de hoy puede considerar como actividad favorita la de “ir de compras”. Esto refleja un tipo de mentalidad heredada en el subconsciente social a lo largo de un siglo y que, a su vez, influido por una dictadura (en el caso español) de más de 30 años de duración.
Me pregunto en estos momentos qué hubiese sido de nosotras si en el 36 no hubiese estallado una guerra y, por consiguiente, jamás hubiesen existido los años de postguerra. ¿Cómo es posible que a principios de este siglo pasado existiese en la Residencia de Señoritas (lo que fue los cimientos de nuestro CMU Santa Teresa de Jesús) una agrupación de mujeres con unos intereses mucho más dignos y congruentes con el nivel cultural que los existentes hoy día?
Hablaba esta noche pasada en CNN plus el gran Jose Antonio Marina de su nuevo libro “La conspiración de las lectoras” (ya tengo carta para los reyes) que es un ensayo a cerca del Lyceum Club Femenino. Éste era una asociación femenina madrileña presidida por María de Maeztu (la que a su vez también dirigía la Residencia de Señoritas) que existió entre los años 1926 y 1936.
A este club pertenecían mujeres como Victoria Kent, Clara Campoamor, Hildegart, María Lejárraga, Carmen Baroja, Zenobia Camprubí, Elena Fortún, Concha Méndez, Mª Teresa León, Maruja Mallo, Ernestina de Champourcin, etc.
Todos los logros conseguidos por estas señoras (véase el sufragio femenino en España gracias a Campoamor) fueron “fusilados” con el comienzo de la guerra civil.
Si ese movimiento cultural femenino no hubiese sido interrumpido en el 1936 ¿qué hubiese sido de nosotras?, ¿Cómo seríamos las actuales mujeres españolas?
Siempre me quedará la duda.
Este año tengo la “suerte” de poder participar en la restauración del fondo antiguo de la Residencia de Señoritas. Y, a pesar de las arañas, cucarachas o pulgas que habitan en los libros más estropeados por las humedades y a pesar del polvo que se te mete en los ojos y en la nariz, me produce una satisfacción enorme el constatar la importancia de la labor que representa la habilitación de este fondo para las universitarias españolas (ya no digo sólo para las futuras colegialas del Teresa).
Es impresionante trabajar con cientos de libros de muy diferentes épocas y ver la evolución de su temática. Muchos de ellos están firmados en las ferias del libro anteriores al 36 y muchos son incluso de principios del XIX. Otros tantos se encuentran relacionados con temáticas religiosas y de apología de la política fascista, además de los “manuales” para el comportamiento dela mujer española ideal.
Espero que en cuestión de años, o de lustros, la mentalidad femenina cambie un poco. Y ese cambio no debe ser superficial, pues si queremos que no nos tomen el pelo lo primero tenemos que hacer es tomarnos, nosotras, la vida en serio y dejarnos de mariconadas. Está claro que a principios del XX la motivación era mucho mayor por la situación de presión social que padecía la mujer. La ira que esto provocaba podía alimentar el ansia de progreso de cientos de mujeres.
Hoy día esta situación es distinta. Aunque haya grandes discriminaciones en ciertas áreas, como la laboral, el asunto está más relajado.
Después aparecen legislaciones que más que ayudar estorban; “miembras” del Estado intentando implantar la DISCRIMINACIÓN POSITIVA para conseguir una IGUALDAD DE GÉNERO…¡cómo para permitir que traigan a la “miembra” a dar conferencias al mayor! Prefiero
que venga Jose Antonio Marina, que aunque tenga rabo tiene muchísima más idea del gran esfuerzo que hicieron esas mujeres de principios del XX que lucharon contra la discriminación sin caer en la autodiscriminación.
Lo que éstas pretendían era, precisamente, conseguir introducirse en la vida pública, tanto en el ámbito cultural como el social.
Lo que parece que se busca hoy es todo lo contrario, excluirse para autoconvencerse de que somos maravillosas. Así nos va.
"Habéis traicionado la memoria de vuestros antepasados, he ahí la dura verdad que atormentará para siempre vuestra conciencia, altar de la patria, vosotros decidisteis destruirlo, que la vergÜenza caiga pues sobre vosotros". (José Saramago, "Ensayo sobre lucidez")